Diagnósticos

DIAGNÓSTICOS, SINTOMAS, ETIQUETAS Y TRASTORNOS EN COMPORTAMIENTO CANINO

En la actualidad, para la mejor intervención de la gente que nos dedicamos a la modificación de conductas problemáticas, educación canina o adiestramiento (como prefieras llamarlo) el hecho de acertar con el diagnóstico del problema a tratar es algo primordial. El acierto en el diagnóstico favorece en gran medida la solución del mismo.

 

Pero este hecho que parece tan sencillo, fácil, y básico se convierte en algo más bien problemático. Algo que no permite avanzar a esta profesión y que en muchos casos hace incrementar la distancia entre compañeros (o competencia, aunque para nosotros cualquiera que se dedique a la educación canina será un compañero, nunca un rival). Diferentes escuelas crean diferentes taxonomías o clasificaciones de los problemas más (o menos comunes) para favorecer la identificación, agrupar el conocimiento sobre un problema y ayudar que desde esa etiqueta se alcance la solución de dicho problema.

 

Hasta aquí todo es perfecto. Ahora comienzan los problemas. La gran mayoría de adiestradores no diferencia un diagnóstico, de un síntoma, de un trastorno, de un problema puntual o de una etiqueta. Esa etiqueta que muchas veces se ponen a perros solo ayuda a la estigmatización de dicho animal y muchas veces colaboran poco con la solución de la problemática real. Cuantas veces se escucha o se dice que un perro “es dominante”, o “es muy tímido”, o “es un pelín inseguro”, o cosas como “es un celoso”, etiquetas en sí que no ayudan en nada a la resolución del problema y solo a una posible justificación del comportamiento de mi perro, hecho que en más de una ocasión es lo que desea un propietario, un hecho al que culpar de que su perro sea así, para de esa manera expirar la culpa de que pueda tener en esa problemática ya que la etiqueta es la culpable, no su acción o educación. Un símil de este problema es el análisis que Freud ofrecía sobre el origen de la religión; En este texto Freud apunta a la creación de la religión como posible “culpable” externo de los problemas del hombre (Freud, S. “Tótem y Tabú”, 2005, Alianza Editorial, ISBN 9788420638461). Freud es una de esas personas a las que la actualidad ha llevado a un segundo plano, mas aun en un mundo con marcado carácter conductista, la prolífica carrera de Freud nos ofrece multitud de textos, escritos y ayuda para las personas que nos dedicamos a la terapia (sea de perros o de personas), pero los medios de comunicación han hecho que solo recordemos hechos puntuales de su obra tales como el YO, el ELLO, el SUPERYO… En otra ocasión hablaremos de cómo la obra de Freud puede ayudar a una empresa del comportamiento canino a mejorar sus rendimiento, sin misticismos y sin etiquetas presupuestas.

 

El párrafo anterior es una muestra de lo que conlleva una etiqueta. Freud en psicología lleva muchas etiquetas, pero la gran mayoría de ellas no hablan de él realmente, ni dan una idea de su obra, solo sesga la percepción de su teoría, muchas de esas etiquetas incluso creadas por sus escuelas rivales o paradigmas nuevos que solo querían tapar lo que había en aquel momento.

 

Y volviendo al mundo del perro e hilando sobre el párrafo anterior; los últimos 40 años han sido un caldo de cultivo genial para crear etiquetas que expliquen y ayuden a los propietarios con los problemas de los perros. Durante años se achacaban los problemas de comportamiento canino a factores tales como la genética (“es que es así”, “la agresividad es propia de su raza”), la dominancia (“mi perro es muy dominante y por eso se porta así”), la falta de ejercicio físico, la socialización (la falta de ella), el estrés, la ansiedad, y hoy día a constructos como el vínculo o el autocontrol. Esa cantidad de etiquetas y constructos creados por el hombre que realmente no se sabe bien a que se refiere no ayudan a solucionar el problema. Solo a estigmatizar. No nos cansamos de ver gente (o perros mejor dicho) que siguiendo instrucciones de profesionales o no, han intentado pasar por todos estos estadios para la solución de problemas pero el comportamiento sigue estando ahí.

 

¿Entonces que falla? En nuestra opinión el problema viene de la falta de unión del sector en la identificación de trastornos, sus síntomas y sus criterios diagnósticos. Los mejores médicos, veterinarios, o psicólogos pueden fallar en su diagnóstico, pero la creación o desarrollo de un modelo más claro y estructurado ayudará a le generación de soluciones o técnicas especificas a problemas determinados. Así dejaremos de ser pequeñas islitas que luchan cada una su propia guerra para buscar un camino común en la búsqueda del bienestar de perro y dueño.
Un diagnóstico es una parte primordial dentro de la evaluación de un problema y que conlleva a reconocer la enfermedad, trastorno mental, conductual, emocional o comportamental a través de sus signos y síntomas.

 

Un síntoma es una manifestación de un estado patológico proporcionado por el análisis subjetivo del paciente. Y un signo es un dato observable y cuantificable que el profesional de la salud obtiene para la elaboración de un diagnóstico. Un síntoma sería el relato de un dueño de que su perro es muy nervioso y un signo es que ha agredido 3 veces. Un síntoma sería que el perro esta triste cuando se va a trabajar y un signo serían los ladridos recogidos por una grabadora en ausencia del dueño.

 

Cualquier profesional (y aquí nos incluimos la gente que nos dedicamos al mundo del perro y a tratar su comportamiento) debemos recoger todos esos síntomas y signos, tomados de una manera directa e indirecta (del propietario, del propio perro, de su ambiente, de entrevistas con conocidos…) para desarrollar el diagnóstico de la manera más efectiva posible.

 

Y ahora viene el principal problema. El mundo del perro no tiene claro aun que es un trastorno o que no, que es un síntoma o que no, que es un signo o que no. Nosotros a nuestros clientes siempre le decimos que tirar de la correa (la mayoría de las veces) no es el problema en sí, sino un síntoma de otro problema. Pero sin embargo hay poca unión entre el gremio de lo que es un trastorno de comportamiento o no. La mayoría de taxonomías que se encuentran en nuestro país se basan en criterios cualitativos, experiencias previas y criterios subjetivos.

 

Este hecho genera desorden, desconocimiento, rivalidades, problemas entre profesionales, y sobre todo soluciones erróneas en problemas que en algunos casos si tienen un diagnóstico correcto. Debemos distinguir problemas puntuales, de episodios de duración media, y sobre todo de trastornos del comportamiento. Debemos identificar etiquetas inútiles y aportar soluciones claras a esa problemática específica y sobre todo debemos conocer si los problemas que genera un perro tienen origen en él, en el propietario, en el ambiente, o como muchas veces, solo en la visión de terceros.

 

En los últimos meses, mientras realizaba este pequeño escrito he estado recogiendo algunos diagnósticos que se han dado a problemas de comportamiento canino en profesionales de toda España como muestra de lo que narro en las páginas anteriores:
– Autismo
– Esquizofrenia
– Alzheimer
– Perro rebelde
– Exigente por naturaleza
– Sensibilidad delgada alta
– Agresivo hostil
– Falsa dominancia
– Miedo a olores
– Indomable
– Ladrador compulsivo
– Obsesivo
– Falta de mano dura
– Ausencia de una manada equilibrada
– Vengativo
– Celoso
– Suicida

 

Todos estos diagnósticos no son del todo erróneos (eso sí, otros son de juzgado de guardia), pero seguro que muchos profesionales no saben distinguir que significa sensibilidad delgada alta o a que se refería el profesional que diagnóstico perro vengativo. Por eso debemos saber a que nos enfrentamos, que es un problema real o que es solo una situación particular. Debemos tener cuidado con las etiquetas que generamos a perros y dueños, y sobre todo es nuestra labor dar la mejor solución a los problemas presentados. Y si no se tiene esa solución no pasará nada, pero mejor ser honestos que actuar sin saber.

 

Hoy en día hay muchísimos seminarios de problemas de comportamiento, de modificación de conducta, de agresividad, de perros miedosos… se dan mil técnicas para mejorar la calidad de vida del perro, técnicas generalistas que mejoran la gran mayoría de perros, copias de las técnicas que se usan en otra escuela con otro nombre, se escriben libros de todos los problemas pero no nos centramos en los problemas reales de la profesión… hoy en día en el mercado hay mas soluciones que problemas. Debemos hacer un ejercicio de introspección y analizar qué problemas sabemos descomponer en síntomas y signos, y que problemas son simplemente eso, un problema puntual. Debemos acertar con las técnicas a utilizar y no usar generalidades y a ver qué pasa. Debemos ser consecuentes y a veces dar un paso atrás para poder avanzar en mejores condiciones. Todos abogamos por la profesionalización del mundo del perro y sus intervenciones pero parece que a veces nos centramos en avanzar y no en avanzar correctamente.

 

20150410_112442Por estas razones nosotros vamos a parar un momento, analizar que está pasando y ver cómo mejorar la solución. Esta es nuestra declaración de intenciones para el próximo año. Desarrollar un conocimiento más estructurado, más global y sobre todo más funcional para el profesional del adiestramiento canino.

 

¿Quieres ayudarnos? Esperamos que si

 

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